sábado, 18 de abril de 2009

Educación Bilingüe para personas con Discapacidad Auditiva

El bilingüismo del educando sordo implica la lengua de signos usada por la comunidad de sordos, y la lengua oral usada por la mayoría oyente, En cada niño, las dos lenguas juegan papeles diferentes, pues de acuerdo a lo señalado por Grosjean (1992:9), “en algunos niños predominará la lengua de signos, en otros predominará la lengua oral y en otros habrá un cierto equilibrio entre ambas lenguas”.

Por lo tanto, los niños sordos podrán usar ambas lenguas en su vida cotidiana como miembros integrantes de dos mundos, en este caso, el mundo oyente y el mundo sordo. Según Ortiz (2005), el bilingüismo aplicado a las personas sordas suele hacer referencia al uso de la lengua de la comunidad sorda (la lengua de signos) y de la lengua de la comunidad oyente. En el caso de las personas sordas se da una situación peculiar en cuanto al bilingüismo: en su gran mayoría al nacer en el seno de familias oyentes, el acceso a la lengua de signos se realiza como una segunda lengua y, al carecer la lengua de signos de un sistema convencional de escritura para poder expresarse por escrito, las personas sordas deben aprender inevitablemente la forma escrita de la lengua oral correspondiente.

No obstante, si se habla de la lengua de signos, en el caso particular de personas sordas, debe ser la primera lengua adquirida por los niños con pérdida auditiva. Grosjean (1992) explica que esta lengua permite a diferencia de la oral que los niños y padres se comuniquen plenamente desde edades tempranas si ambos la adquieren rápidamente.

Es por ello, que la lengua de signos juega un papel importante en el desarrollo cognitivo y social del niño y permite la adquisición de conocimientos sobre el mundo circundante, por cuanto permitirá el desarrollo de su identificación cultural con el mundo sordo (uno de los dos mundo a los que el niño pertenece) tan pronto como inicie el contacto con dicho mundo. En base a esto, Grosjean (1992: 4), manifiesta que:

"Es sobradamente conocido que una primera lengua adquirida con normalidad, se trate ya de una lengua oral o de una lengua de signos, estimulará en gran medida la adquisición de una segunda lengua. Finalmente, el hecho de ser capaz de utilizar la lengua de signos será una garantía de que el niño maneja al menos una lengua".

Por su parte, la lengua oral como segunda lengua de los niños sordos, juega un papel relevante en esta comunidad, pues cuando aquellos que interactúan a diario con el niño sordo no conocen la lengua de signos, es importante que la comunicación tenga lugar pero esto sólo podrá suceder a través de la lengua oral, principalmente en su modalidad escrita.

En base a lo expuesto, surge el término educación bilingüe, el cual alude al enfoque educativo en el que en un momento variable y durante un tiempo y en proporciones diferentes, simultánea o consecutivamente, se da la instrucción al menos de dos lenguas (Fischman, 1976, citado en Galcerán, 1998).




Con la educación bilingüe se espera que las personas sordas puedan ser competentes en dos lenguas, pues con la lengua de signos se garantiza que al menos los educandos con sordera dominen una lengua que favorezca su desarrollo, y si se le suma a eso la lengua oral (en su modalidad oral o escrita) puedan integrarse a la sociedad, la escuela, la familia y a todas las personas oyentes con quienes se desenvuelven a diario.

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